Uso de la tradicional carreta de bueyes no muere en Nueva Imperial

Campesinos reciben apoyo municipal mediante programas.

Las carretas tiradas por yuntas de bueyes eran un importante medio de trasporte desde tiempos muy antiguos en los campos de Chile.

Hoy, con la modernización de la tecnología y la aparición de vehículos motorizados mucho más rápidos y eficientes, su uso parece estar relegado solamente al interior de los predios y lugares con difícil acceso, pero en Nueva Imperial la tradición no ha muerto.

Desde hace mucho, la carreta se integró en diversas regiones como un vehículo de carga, pero en cada zona adoptó una forma diferente, según la necesidad y el lugar de trabajo.

Hasta fines siglo XX, todavía era frecuente ver en ciudades, principalmente sureñas, estas carretas que bajaban al pueblo llevando sus características cargas de leña seca, carbón o madera, mientras en la zona costera de La Araucanía se aprecian a los lafkenches trasportando el cochayuyo para la venta en los centros urbanos.

Donde también se utiliza con mucha fuerza es en Chiloé. Allí se desarrollaron particulares estilos, que no se ven en otras regiones del país. La rueda se limitó a los caminos, pero en los sectores con demasiado barro, ésta simplemente desapareció, dando nacimiento a la carreta “bongo”, o la llamada “changuay” y el “dornajo”. Todas ellas utilizadas en las particulares faenas de la tierra chilota, archipiélago donde se desarrolló una cultura diferente, por lo tanto sus medios básicos de comunicación y trabajo, también tenían que ser diferentes.

ARAUCANÍA
En Nueva Imperial ya no son los cientos que se movilizaban a diario por sus calles, pero todavía se aprecian muchas prestando servicio y esto tiene su explicación.

En algunas municipalidades, como es el caso de Imperial, el Programa de Desarrollo Rural (Proder) trabaja estrechamente con las comunidades mapuches, quienes mediante diversos proyectos han mejorado considerablemente la producción agrícola, evitando que los campesinos abandonen sus sistemas tradicionales de subsistencia y emigren a las ciudades, abandonando sus campos y cultivos.

Por Israel Sanhueza.

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