La pregunta “¿cómo está el bebé?” aparece una y otra vez durante el embarazo, el parto y los primeros días después del nacimiento. Y es lógico: cuidar al recién nacido es una prioridad. Pero existe otra interrogante, aparentemente sencilla, que no siempre ocupa el mismo lugar: “¿cómo estás tú?”
El embarazo, el parto y los primeros meses de un hijo, son etapas de profundas transformaciones. La OMS estima que en el mundo un 10% de las embarazadas y un 13% de las mujeres que acaban de dar a luz, viven un trastorno de salud mental, principalmente depresión, cifras que suben en países de ingresos bajos y medios. No es un tema secundario: afecta el bienestar de la madre y el desarrollo del niño.
Sin embargo, seguimos interpretando el cansancio extremo, la angustia persistente o la pérdida del disfrute como algo que simplemente “es parte de ser mamá”. Escuchar a una mujer no es patologizar la maternidad: es reconocer que detrás de cada madre hay una persona que también necesita cuidado, y esto empieza por algo tan básico como no dejarla sola.
La crianza no debiera ser una tarea solitaria. Necesita una tribu: alguien que prepara una comida para que ella descanse, otro que la acompaña a una consulta, quien sostiene al bebé mientras se ducha, y la persona que escucha sin juzgar. Aquí juega un rol fundamental la pareja, familia, amigos, otras madres, y un sistema de salud capaz de entender que cuidar al recién nacido implica también proteger a quien lo cuida. El bajo apoyo social se asocia a mayor vulnerabilidad perinatal, y el soporte entre pares ayuda a disminuir la soledad.
Esa tribu debe incluir a los padres y parejas, que pueden atravesar ansiedad, depresión y estrés en este período —hasta un 13% según estudios internacionales— y cuyo bienestar influye en el desarrollo del niño. Nadie debería sostener en soledad el peso de la crianza. Y no toda mujer cuenta con esa red: cuando no existe, es el sistema de salud el que debe sostener lo que falta.
Ahí la matrona cumple un rol clave, como parte de esa tribu: escuchar sin juzgar, aplicar tamizaje cuando corresponde, identificar redes de apoyo y derivar oportunamente. Ningún instrumento reemplaza una conversación: una escala ayuda a detectar una señal de alerta, pero una pregunta puede abrir una puerta.
En octubre, mes que conmemoramos el Día Mundial de la Salud Mental, bajo el lema “Experiencias vividas escuchadas: voces reales, cambios reales”, oír a las madres —y sus familias— no debería significar solo preguntar, sino estar dispuestos a actuar frente a lo que se escucha.
Cuando nace un bebé, también lo hace una familia que necesita aprender a cuidar y a ser cuidada. Quizás el cambio empiece con una interrogante tan sencilla como necesaria: “¿cómo está tu bebé?” Sí. Pero también: “¿Y tú, ¿cómo estás?”.

