Published On: Mar, Dic 27th, 2016

La muñeca inflable: El “error” de una élite

Escribe: María Cecilia Fernández Darraz, Investigadora Observatorio Regional, Convenio de Desempeño para la Educación Superior Regional.

Conocido es por la ciudadanía el episodio ocurrido hace unos días cuando parte de la élite política y empresarial de nuestro país se dio cita en la cena anual de la Asociación de Exportadores de Manufacturas (Asexma), ocasión en que su presidente, Roberto Fantuzzi, obsequió una muñeca inflable al Ministro de Economía Luis Felipe Céspedes, regalo acompañado de un simbólico mensaje: “la economía es como una mujer, hay que estimularla”. La imagen que hemos visto, posteriormente, en los medios de comunicación nos muestra a un grupo de hombres con importantes cargos y funciones en el país – precandidatos presidenciales incluidos – muy complacidos con la “humorada”. Por fortuna, las reacciones frente a este triste espectáculo no se hicieron esperar y -en forma inmediata- tanto la prensa como redes sociales se llenaron de información, opiniones, juicios y, por cierto, justificaciones y disculpas de los propios protagonistas, trascendiendo nuestras fronteras.

Para muchos/as, este fue un acto de abierta misoginia, para otros/as se trató de un suceso de connotación sexista. Los personeros que figuran en la postal argumentan que fue un error, un hecho que los tomó por sorpresa ante el cual no supieron reaccionar, señalando que ya se pidieron las disculpas respectivas, que no hay que ser grave, o que es necesario poner las cosas en su “justa medida” y dar vuelta la página.

En mi opinión, como en la de muchos/as, este acto está muy lejos de ser un error. Más bien es un hecho que pone en evidencia la matriz patriarcal que impera en nuestra sociedad y que tiene expresiones de amplio espectro, las que van desde la misoginia hasta los micromachismos o la violencia simbólica prácticamente imperceptible.

A pesar de que a un par de días del episodio muchos sugieren poner en juego nuestro sentido del humor, me parece que esta invitación agrava la falta, ya que es precisamente este humor el que contribuye a perpetuar la desigualdad entre hombres y mujeres. Sólo por mencionar algunos datos: las remuneraciones de las mujeres chilenas siguen siendo, en promedio, un 30% más bajas que las de los hombres; las brechas entre niños y niñas en pruebas estandarizadas siguen siendo las más altas entre los países de la Ocde; la participación de mujeres en el parlamento está casi diez puntos bajo el promedio de América Latina. En este rápido panorama, no se puede dejar de mencionar que el acoso sexual y la violencia de género están a la orden del día.

En síntesis, no hay argumento posible que justifique este acto. Por lo tanto, vale la pena asumir la raíz cultural desde donde emergen manifestaciones como ésta. Lo positivo y esperanzador es la ola de reacciones que hasta hoy y, espero por un buen tiempo, se están dejando sentir. Reacciones que provienen de distintos sectores y que revelan que “el regalo” generó un rechazo transversal. En algunos casos, son reacciones genuinas y bien informadas, en otros, opiniones que intentan alinearse con un discurso políticamente correcto para el siglo XXI. Como sea, si queremos avanzar hacia una sociedad justa y equitativa es hora de pensar, de actuar y de sacar al pizarrón a quienes participan de “humoradas” como ésta.