Mi reconfortante testimonio de inclusión educacional

Escribe: Narcisa Lezano Barriga, poetisa.

Como vemos todos los años, en tiempo de la matrícula escolar o en inicio de las clases, lamentablemente se presentan algunos casos con cierta actitud discriminatoria por parte de colegios que no quieren recibir a niños y a jóvenes con alguna discapacidad, especialmente intelectual, aunque tengan profesores de Enseñanza Diferencial.

Por eso vengo a dar testimonio que en mi caso fue todo lo contrario, pues a pesar de mi condición de acondroplasia (enanismo) y que por lo mismo caminaba muy lento, fui muy bien acogida por parte de los profesores, las compañeras de curso y los compañeros de colegio; tanto el año y medio que estudié en la Escuela 10 de Renaico y los seis años que estudié en la Escuela 4 de Angol, donde mi profesora jefe, la señorita Helia Castillo Barría, me daba incluso el calcio Ossopan y me enseñó a defender mis derechos, diciéndome un día: “donde vayas no te olvides nunca de defender tus derechos”.

Pasó la misma actitud solidaria cuando estudié mi enseñanza media en Temuco y también en Angol, y por lo eso siempre he tenido una grata relación con los profesores, más, desde que empecé a dar a conocer mi quehacer literario siempre me he sentido muy apoyada por ellos.
Por todo ello, pienso que más que una discriminación, es no saber cómo tratar a los estudiantes que tienen una discapacidad y por eso solo hay que superar dicha actitud de una vez por todas.

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